Alimentos con magnesio que debes incluir en tu alimentación

El magnesio es un mineral fundamental para la vida, cualquier célula viva de este planeta necesita sus iones. También los necesitamos los humanos, aunque por suerte existen muchos alimentos que nos ayudarán a consumir diariamente las cantidades recomendadas.

¿Por qué es tan importante el magnesio?

Nuestro organismo siempre tiene alguna tarea para él, este mineral nunca está ocioso. De hecho, lo utilizan más de 300 de nuestras enzimas para realizar sus procesos. También lo usamos para formar proteínas. Para mantener “engrasados” los sistemas nervioso, muscular e inmunitario. Y lo usan las células para conseguir más energía. ¡Se trata de un micronutriente realmente necesario!

En adultos, la ingesta diaria recomendada está entre 310-320 mg para las mujeres, y entre 400-420 mg para los hombres. Su carencia sostenida hace que el organismo funcione progresivamente peor y sea cada vez más vulnerable, y uno se sienta cada vez más cansado, por lo que es importante obtener las cantidades recomendadas. Aunque, por suerte, podemos encontrarlo fácilmente en la dieta. Estos son los alimentos con magnesio que deben formar parte de tu menú sí o sí.

Alimentos con magnesio para tu menú semanal

Las legumbres

Uno o dos platos de legumbre a la semana son siempre necesarios. Estos estupendos y sabrosos alimentos tienen la ventaja de ser tan ideales para el invierno (en cocidos o hervidos diversos) como para el verano (en ensaladas de legumbre) y nos proporcionan una buena cantidad de magnesio: por cada 100 gramos, los garbanzos nos proporcionan 79 mg de magnesio; las lentejas, 122 mg; y las judías, que son las reinas, hasta 140 mg.

Disfruta de ellas, porque además de magnesio las legumbres nos proporcionan también muchas vitaminas y otros minerales vitales como el fósforo, el potasio, el sodio o el zinc.

Las frutas

La primavera es el momento de disfrutar de unos buenos platos de rodajas de plátano con yogur, o en cualquier otra receta. El plátano nos proporciona no solo magnesio, sino muchos otros minerales, entre los que destaca una gran cantidad de potasio.

El aguacate es otra fruta con magnesio para disfrutar con el buen tiempo: en tostada, con sus gambas, o como guacamole. Como el plátano, también proporciona gran cantidad de potasio, y otros minerales y vitaminas que contribuirán, junto al magnesio, a tu mayor bienestar.

Las verduras de hoja verde

Si es verde, probablemente lleve magnesio. Incorpora espinacas frescas a tus ensaladas de verano y tu organismo lo agradecerá. El brócoli también proporciona una buena ración de magnesio (21 mg por cada 100 g de brócoli crudo), y las acelgas, aunque tengan menos “fans”, proporcionan todavía más: 86 mg por cada 100 g.

Las semillas y frutos secos

Si vas a picotear entre horas, mejor que sean frutos secos, que también son alimentos ricos en este mineral. Algunos, como la almendra, lo contienen en grandes cantidades, unos 270 mg por cada 100 g. Pistachos, nueces y avellanas proporcionarán variedad al piscolabis.

Los lácteos

También en la leche y en sus derivados (queso, yogur) encontraremos una parte del magnesio que consumiremos durante el día.

Diseña un menú para sentirte vital

Tomar la dosis adecuada de magnesio en tu dieta de forma diaria contribuirá a sentirte mejor, estar más saludable y sentir más vitalidad. ¡De ahí que sea uno de los nutrientes que incorporamos a Astenolit-dinamic! Aunque Astenolit-dinamic es una ayuda para tus momentos prolongados de bajón físico y mental, y solo se toma durante 12 días.

Por eso es muy importante planificar los menús semanales de forma que incorpores estos alimentos con magnesio a tu rutina alimentaria, y tengas siempre cubiertas las necesidades de este nutriente indispensable.

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La importancia de los aminoácidos para mantener tu ritmo de vida

Es fascinante observar cómo la vida se organiza desde lo más pequeño para crear esas extrañas maravillas andantes que somos los seres vivos complejos, y más concretamente los humanos. Aumentar el zoom del microscopio hasta el nivel celular o molecular nos permite ver los ladrillos y a los albañiles que construyen nuestro cuerpo, lo hacen crecer, y lo mantienen sano, vital, con energía para afrontar otro día de vida.

Hoy vamos a hablar de algunos de esos ladrillos que nos componen, piezas tan pequeñas que son invisibles al ojo humano, pero sin las cuales no podríamos vivir. Hablamos de los aminoácidos.

Qué son los aminoácidos

Los aminoácidos son unos compuestos orgánicos que combinados, forman proteínas. Uno de los considerados pilares fundamentales de la vida.

Nos hacemos con ellos comiendo: cada alimento contiene macronutrientes (que son los que nos proporcionan energía, o sea, los hidratos de carbono, los lípidos o grasas, y las proteínas) y micronutrientes (como las vitaminas y minerales). Durante la digestión y absorción de estos alimentos, los micronutrientes pasan directamente a la sangre, pero los macronutrientes deben descomponerse en piezas más pequeñas… que en el caso de las proteínas, son los aminoácidos.

Y hay unos cuantos. Hasta hace tres décadas, se creía que solo veinte. Luego, en 1986, la bioquímica Thressa Stadtman descubrió uno nuevo, la selenocisteína, abriendo el campo de investigación en busca de nuevos aminoácidos. En 2002 dieron con la pirrolisina unos investigadores de la Universidad Estatal de Ohio. No sabemos cuántos aminoácidos más quedan por descubrir. Hasta hoy, son veintidós… y los clasificamos así.

Tipos de aminoácidos

Los aminoácidos se pueden dividir en tres grandes grupos:

Aminoácidos no esenciales

Son aquellos que puede producir nuestro organismo por sí mismo, descomponiendo proteínas o a partir de aminoácidos esenciales.

  • Alanina
  • Asparagina
  • Ácido aspártico
  • Ácido glutámico
  • Selenocisteína
  • Pirrolisina

Aminoácidos esenciales

Estos aminoácidos no podemos producirlos nosotros, por lo que sólo podemos obtenerlos de los alimentos. Son un total de nueve:

  • Leucina
  • Isoleucina
  • Valina
  • Metionina
  • Lisina
  • Fenilalanina
  • Triptófano
  • Treonina
  • Histidina (ésta es esencial durante la infancia. Una vez nos hacemos adultos pasa a ser no esencial).

Aminoácidos condicionales

Existe un tercer grupo “intermedio” de aminoácidos: aquellos que en general no son esenciales, pero que en determinados momentos (por ejemplo durante una enfermedad, por una alimentación muy desequilibrada, o en episodios de estrés o agotamiento) sí necesitamos conseguirlos fuera del organismo, en alimentos o compuestos. Son ocho:

  • Arginina
  • Cisteína
  • Glutamina
  • Tirosina
  • Glicina
  • Ornitina
  • Prolina
  • Serina

Funciones de los aminoácidos e importancia en el ritmo de vida

Las funciones que los aminoácidos desempeñan en nuestro cuerpo son incontables.

  • Se unen en cadenas para formar nuevas proteínas que ayudarán a descomponer nuevos alimentos
  • Desarrollan o reparan tejidos corporales.
  • Intervienen en muchos otros procesos: la arginina, por ejemplo, se convierte en óxido nítrico y expande los vasos sanguíneos, facilitando el flujo. La glutamina en cambio la usa el cuerpo para, entre otras cosas, producir energía.

Todos los aminoácidos juegan un papel en todo lo que le ocurre a nuestro cuerpo… y eso incluye también la capacidad de mantenerse enérgico y funcional para aguantar el ritmo de vida desenfrenado en el que vivimos la mayoría.

Es fundamental, pues, llevar una dieta equilibrada que incluya alimentos ricos en proteínas y aminoácidos. Sobre todo carne, pescado, lácteos y huevo, siendo este último portador de la mejor proteína conocida, la albúmina, de alto valor biológico porque contiene todos los aminoácidos esenciales, dispuestos químicamente para una digestión inmejorable.

Y recuerda que si tu organismo está sometido a muchos vaivenes, por ejemplo con situaciones de estrés o fatiga prolongada, algunos de los no-esenciales pueden convertirse en esenciales, ¡y por tanto vas a necesitar consumirlos en alimentos o compuestos específicos!

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El ácido L-aspártico es un potente aliado contra el cansancio. ¡Descúbrelo!

¿Te gustan los espárragos o eres de los que no los soportan? Pues parece que a principios del siglo XIX, a los químicos franceses les gustaban mucho. En concreto a dos: a Auguste-Arthur Plisson y a Étienne Ossian Henry, que en 1806 lograron aislar la sustancia asparagina del jugo de espárragos, y luego en 1827, cuando descubrieron un derivado de esa asparagina que al que llamamos ácido aspártico… y que puede ser un gran aliado cuando te invade el cansancio.

Qué es el ácido L-aspártico y cuáles son sus funciones

El ácido aspártico es uno de los 20 aminoácidos con los que las células crean proteínas. Pero sus funciones en el organismo abarcan mucho más. Entre otras:

  • Es un potente desintoxicante de la sangre, al ayudar a expulsar sustancias como el amoníaco.
  • Forma parte del mantenimiento del sistema nervioso central, y también funciona como neurotransmisor.
  • Favorece la circulación sanguínea y la absorción de minerales como el potasio, el magnesio o el zinc.

Estas y otras funciones implican que una carencia nos lleva a una mayor fatiga y un menor rendimiento del sistema nervioso. Su presencia… nos lleva a lo contrario.

Dónde encontramos ácido L-aspártico

El ácido aspártico es un aminoácido no esencial, lo que significa que nuestro propio organismo es capaz de sintetizarlo sin necesidad de obtenerlo del exterior.

Aun así, cuando estás atravesando un episodio de cansancio prolongado es buena idea ir en busca de una “dosis extra” que podemos hallar fácilmente tanto en fuentes vegetales (como el aguacate, la melaza, algunas legumbres, o los controvertidos espárragos que le dieron el nombre) como animales (carnes blancas y rojas, aves, pescado, huevos o lácteos).

Otra opción es tomar Astenolit. Cada vial contiene 46,8 mg de ácido L-aspártico, cuya acción se suma a la de la L-glutamina, el inositol o la carnitina. E incluso a las vitaminas B1, B6 y B12, que te ayudan a disminuir esa odiosa sensación de fatiga y cansancio que hace más de una semana que te tiene arrastrándote por la vida. Todo esto, con solo 1 toma al día durante 12 días.

Haz la prueba, y descubre este potente aliado.

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¿Qué sabes de la rodiola y sus propiedades?

La raíz y el rizoma (el tallo subterráneo) de la rodiola se han utilizado tradicionalmente para potenciar el rendimiento físico y disminuir la fatiga, así como para ayudar a soportar condiciones ambientales adversas, como climas extremos o grandes alturas.

No es de extrañar esto último: también se la llama “raíz del Ártico” debido a que esta planta solo crece en ambientes fríos como la región del Ártico, Siberia, Groenlandia o Islandia, y en las grandes cadenas montañosas del hemisferio norte como los Pirineos, Apeninos, Alpes, Cárpatos, el Himalaya o las Rocosas.

Es muy posible que te suene el nombre de la planta, o que hayas oído hablar de sus propiedades anti-fatiga. Pero… ¿sabes realmente cómo funciona?

La rodiola hoy

La Rhodiola rosea es principalmente una planta adaptógena frente a condiciones como astenia y neurastenia, fatiga, o distonia vascular. Se utiliza a menudo en pacientes con enfermedades infecciosas o con alteraciones del sistema nervioso, y también en personas sanas que manifiesten cuadros de astenia o hayan disminuido abruptamente su capacidad de trabajo.

Pero quizá lo más interesante de esta planta es que está considerada un adaptógeno. ¿Qué significa esto? Que ayudan a normalizar o “equilibrar” las respuestas energéticas del cuerpo y ayudan a que pueda resistir situaciones de estrés, cansancio, fatiga… Las plantas adaptógenas no son sustancias estimulantes como la cafeína, guaraná o efedrina, si no que ayudan al organismo a conseguir un balance óptimo de las energías internas.

Las propiedades de la rodiola siguen investigándose a día de hoy, igual que las de tantas otras plantas y compuestos orgánicos.

Sin embargo, el Comité de Medicamentos a base de Plantas (HMPC) de la Agencia Europea del Medicamentollegó a la conclusión de que, basándose en la experiencia adquirida por su larga tradición de uso, la raíz de Rodhiola se puede usar para el alivio temporal de síntomas de estrés como la fatiga y la sensación de debilidad”.

Y los estándares europeos son altos, como sabe cualquiera que se haya tenido que enfrentar a su regulación. Se han tenido que documentar un mínimo de 30 años de uso efectivo, 15 de los cuales deben haberse dado dentro de la UE. De ahí que los científicos del HMPC consideren perfectamente plausible su función anti-fatiga, y se haya autorizado su uso.

Al final una cosa está clara: si chinos, tibetanos, vikingos, montañeses del Pirineo, esquimales, suizos y nativos americanos han utilizado la rodiola como anti-fatiga a lo largo de toda la historia, y sin conocerse unos a otros… por algo será.

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¿Sabías que el zinc y los cambios de humor podrían estar relacionados?

Siempre se dice eso de tener una salud de hierro, pero bien podría decirse que es igualmente necesario tener una salud de zinc. Y es que este metal es un nutriente indispensable para que una persona esté sana y saludable, y entre otros aspectos regula el equilibrio emocional. De hecho, investigaciones recientes han demostrado que es un elemento clave en la neurotransmisión.

Veamos qué tiene que ver el zinc con los cambios de humor.

La importancia del zinc en el organismo

El zinc se halla presente por todo nuestro organismo, con una especial concentración en el sistema nervioso y en el cerebro, y la lista de funciones que desempeña, o de procesos en los que juega un papel, es bien larga. Entre otras:

  • El sistema inmunitario echa mano del zinc para combatir infecciones.
  • Ayuda a fabricar proteínas y ADN.
  • Contribuye al crecimiento y desarrollo normal del organismo desde el mismo embarazo.
  • Contribuye en los procesos de cicatrización de heridas.
  • Contribuye a un funcionamiento normal de los sentidos del gusto y el olfato.

Pero estos últimos años se ha descubierto otra función muy relevante: el zinc es un “modulador de la excitabilidad neuronal”.

El papel del zinc en el equilibrio mental y emocional

Así es como lo describió Javier Garzón, investigador del Instituto Cajal del CSIC, y uno de los participantes de la investigación publicada en 2012 en la que se explica la función del zinc en los procesos de neurotransmisión.

Los neurotransmisores son biomoléculas que transmiten información desde una neurona a otra neurona o célula. Seguro que muchos de ellos te resultan familiares: adrenalina, dopamina, serotonina, melatonina, oxitocina, endorfina… los niveles de estos transmisores controlan nuestro estado de ánimo, entre muchas otras cosas. Son estos neurotransmisores los que nos hacen estar más excitados o más tranquilos, más deprimidos o de mejor humor, con la mente espesa o en alerta y la concentración a tope.

La investigación del CSIC lo que ha demostrado es que el zinc liberado en estos procesos de neurotransmisión es el que ayuda a llevar la información adecuada de un lado a otro, de forma que un desequilibrio de este metal genera importantes cambios de humor, una inestabilidad emocional acusada, que en casos de carencia lleva a bajones importantes.

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Beneficios del inositol para tu estado de ánimo

¿Notas tu estado de ánimo alterado? ¿Llevas algunas semanas en manos del estrés, la angustia, la apatía o el insomnio? Pues quizá tenga algo que ver con los niveles de inositol de tu organismo.

Descubre las claves de este compuesto orgánico y de sus beneficios para tu bienestar.

Inositol: una “vitamina” con muchas funciones diferentes

La molécula llamada inositol fue descubierta en 1850 por el químico alemán Josef Sherer, y se la ha considerado como una vitamina del grupo B, si bien no existe un consenso sobre esto. Pero tras más de un siglo y medio estudiando su presencia en nuestro organismo, sí hay consenso sobre sus muchas funciones, entre las que se cuentan las siguientes:

  • Está presente en la membrana de las células como actor principal en la transducción de señales, es decir, que es uno de los agentes que detecta señales en tu organismo y las transmite a la célula para que reaccione. Por ejemplo, sirve para indicar cuándo hay demasiado azúcar en la sangre y es adecuado segregar insulina.
  • Regula el calcio dentro de las células y libera sus iones para contribuir al crecimiento y mantenimiento de los nervios.
  • Modula la segregación de serotonina, un neurotransmisor muy relacionado con el estado de ánimo, el equilibrio emocional y el control de la ansiedad y la angustia, y que además regula la secreción de otra hormona, la melatonina, implicada en nuestros ritmos circadianos y la calidad de nuestro sueño.
  • Ayuda al hígado a descomponer las grasas, consumiéndolas y repartiéndolas por el cuerpo cuando actúa con otras vitaminas del complejo B. Además, es un componente de la lecitina, una molécula que sirve también para descomponer grasas. Funciona, por tanto, como un reductor del colesterol en sangre.

Los beneficios del inositol

Atendiendo tan solo a las cuatro funciones indicadas arriba ya nos hacemos una idea de la importancia del inositol en nuestro organismo, y de los problemas que puede acarrear una carencia. Unos niveles correctos contribuyen a sentirnos más vitales y a mantener saludable nuestro organismo, y sobre todo contribuyen a un estado de ánimo normal y equilibrado, ayudando así a combatir la angustia, el estrés o el agotamiento mental.

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La L-carnitina puede ayudarte a vencer el cansancio

Cada vez que comemos algo, nuestro cuerpo se convierte en un laboratorio químico en el que se suceden infinidad de reacciones. La comida se degrada hasta reducirse a sus moléculas, que son transportadas y degradadas de nuevo en sus partes esenciales para repartirse por el cuerpo, aquí y allá, y cumplir su función.

Es el trabajo combinado de todas las moléculas, y de sus reacciones y procesos químicos, el que consigue transformar un vegetal o un pedazo de carne en energía y nutrientes esenciales para que el organismo esté activo, saludable y vital.

Hoy te hablamos de una de esas moléculas, que por su naturaleza te va a interesar seguro: la L-carnitina.

Qué es la L-carnitina

En 1905, dos investigadores rusos llamados Krimberg y Gulewitsch hallaron una molécula que parecía desempeñar un papel importante en el metabolismo. Y como la habían hallado en la carne de un animal, la llamaron carnitina.

Años después y durante un tiempo, fue considerada una vitamina del grupo B, si bien esa idea se abandonó al descubrir que, aunque tengan una estructura muy parecida, son moléculas diferentes.

Luego se descubrió que sus átomos pueden organizarse con dos estructuras diferentes, y que solo una de ellas, la forma Levocarnitina o L-carnitina, es activa y útil para nuestro organismo.

Pero lo más interesante fue descubrir por qué era útil en nuestro organismo.

La función de la L-carnitina en el metabolismo humano

La L-carnitina juega un papel muy concreto en nuestro organismo: ayudarnos a quemar las grasas para obtener energía. Pero entremos un poco más al detalle, porque es fascinante ver cómo los seres vivos estamos preparados para aprovechar al máximo todo lo que encontramos en el exterior.

La cosa va así: los humanos comemos grasas (lípidos) con la carne y otros productos, y en nuestro estómago se degradan como todo lo demás. Y se degradan en unas moléculas que llamamos ácidos grasos, que luego entran en las células para consumirse y producir energía.

Pero no todos los ácidos grasos entran fácilmente en las células: los más cortos sí, pero los más largos no logran atravesar la membrana celular. Es entonces cuando la L-carnitina viene, coge de la mano a ese ácido graso largo, y lo ayuda a entrar en la célula para convertirse en energía.

¿Qué pasa cuando nos falta L-carnitina? Que no podemos digerir ni metabolizar eficazmente las grasas y obtenemos menos energía, lo que nos lleva a estar más cansados.

¡Así que vamos a tener que conseguirla para vencer esa fatiga!

¿Cómo consigue nuestro organismo L-carnitina?

A priori la L-carnitina es muy fácil de conseguir: por un lado, la fabricamos nosotros mismos tanto en el hígado como en los riñones a partir de dos aminoácidos (lisina y metionina) que hallamos fácilmente en nuestra dieta, en carnes, pescado, soja o algunas legumbres, por ejemplo.

Pero es que además también la encontramos directamente en carnes (especialmente carnes rojas, aunque también en la de cerdo o la de ave) y pescados. En huevos, cereales y vegetales el contenido es muy inferior o inexistente.

Esto indica que alguien con una dieta normal que incluya carne y pescado de forma regular debería disponer de suficiente L-carnitina para consumir todas las grasas.

Ahora bien, hay varias situaciones o condiciones en las que puede darse un déficit de carnitina. Y una de ellas es un aumento importante y sostenido de la demanda, debido a una dieta con excesivas grasas, o a una situación de estrés o agotamiento que consuma más y más energía.

Cuando se dan estas situaciones, el resultado es fatiga muscular, o incluso algún calambre. Es entonces cuando nos puede ser de ayuda aportarle al organismo una “ración adicional” de L-carnitina.

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Preguntas frecuentes sobre las vitaminas del grupo B

Las vitaminas del grupo B son, como todas las vitaminas, nutrientes esenciales para nuestro cuerpo. Pero se trata de un grupo de vitaminas sobre el que existen algunos malentendidos y confusiones comunes. Con este artículo vamos a despejar las principales dudas que surgen habitualmente hablando de estas vitaminas del grupo B

¿Por qué las vitaminas del grupo B llevan número y las otras no?

La razón es que, a diferencia de las vitaminas A, D, K, etc., la B no es una sola vitamina, sino un grupo o complejo que engloba varias vitaminas similares, pero diferentes a la vez.

Entonces, ¿cuántas vitaminas B existen?

La literatura científica ha establecido en 8 el número de vitaminas del grupo B:

  • B1 o Tiamina
  • B2 o Riboflavina
  • B3 o Niacina
  • B5 o Ácido pantoténico
  • B6 o Piridoxina
  • B7 o Biotina
  • B9 o Ácido fólico
  • B12 o Cobalamina

Posiblemente muchas de ellas te suenen por su otro nombre, como la riboflavina, o el célebre ácido fólico que se recomienda habitualmente para mujeres embarazadas, ya que la vitamina B9 es un precursor esencial para el ADN y juega un papel importante en la división celular y el crecimiento.

¿Por qué los números no siguen un orden normal?

Esto se debe a que, en el pasado, se han considerado vitaminas del grupo B compuestos orgánicos que no lo son, aunque se les parezcan o participen en las mismas o similares funciones.

La primera vitamina B, la B1, se descubrió en 1912, y desde entonces la ciencia ha incluido y sacado del grupo varias sustancias, como el inositol (antes llamado vitamina B8), el ácido orótico (antes llamado vitamina B13) o la carnitina (antes, vitamina B11).

¿Las vitaminas del grupo B sirven contra el cansancio?

Cada vitamina, y eso incluye cada una del grupo B, sirve para unas cosas concretas y tiene funciones muy específicas en el organismo. En sí misma no existe ninguna vitamina cuya función sea “aliviar el cansancio”.

Ahora bien, algunas de las vitaminas B juegan un papel central en el metabolismo energético, como las vitaminas B1, B6 y B12, de forma que una deficiencia puede hacernos sentir mayor cansancio o un episodio de agotamiento. De ahí su importancia en complementos alimenticios como Astenolit y Astenolit-dinamic.

Puedes saber más sobre ellas leyendo este artículo:

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¿Cansancio y fatiga? La vitamina B12 te puede ayudar

Es sorprendente cómo las cosas más minúsculas pueden producir efectos tan notorios. Las vitaminas son un ejemplo de libro, y hoy vamos a profundizar en una de ellas: la vitamina B12, que te puede ayudar frente al agotamiento y los episodios de fatiga.

La vitamina B12: dónde encontrarla y cómo se absorbe

Esta vitamina del grupo B se esconde entrelazada con las proteínas animales. Existe también en algunas fuentes vegetales fortificadas, como algunos cereales del desayuno a los que se le agrega (en ese caso, siempre lo indica en la caja), pero la proteína animal es siempre la mejor y más rápida fuente de vitamina B12, y además su absorción por nuestro organismo es mejor y más completa.

Las mejores fuentes son el marisco (especialmente las almejas) y el hígado de vacuno. Pero el resto de pescados y carnes tanto de aves como de cuadrúpedos son igualmente una buena fuente, así como los lácteos y sus derivados, o los huevos.

Cuando ingerimos estos alimentos, el ácido clorhídrico de nuestro estómago los descompone, y al llegar a las proteínas, separa de ellas la vitamina B12. Al mismo tiempo, el estómago produce también otra proteína conocida como “factor intrínseco”, que se adhiere a la vitamina B12 y la ayuda a ser absorbida por el intestino, llegando así a nuestra sangre para ejercer sus funciones.

Las funciones de la vitamina B12

Entre las múltiples funciones de esta vitamina podríamos hablar de su papel en la integridad celular o en las etapas del crecimiento. Incluso contribuye a elaborar el ADN de nuestras células. Pero queremos destacar tres funciones en concreto:

  • Ayuda a crear glóbulos rojos, o eritrocitos, que son las células que llevan el oxígeno a nuestras células. Ese oxígeno es imprescindible para obtener energía celular.
  • También ayuda a desarrollar el resto de células sanguíneas, como las plaquetas (trombocitos) y los glóbulos blancos (leucocitos) de nuestro sistema inmunitario.
  • Contribuye a desarrollar, mantener y proteger el sistema nervioso central, especialmente a mantener en buen estado las neuronas.

El resumen: se trata de una diminuta vitamina que, con la mayor discreción, ayuda a nuestro cuerpo a producir la energía y las defensas que necesita y a nuestra mente a mantenerse despierta.

De ahí que la vitamina B12 pueda ayudarnos cuando atravesamos episodios de fatiga y cansancio.

¿No es fascinante cómo los elementos más pequeños desempeñan funciones tan importantes?

Encontrarás más información sobre otras vitaminas del grupo B en este artículo:

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¿Sientes decaimiento? Tu cuerpo está intentando decirte algo

Solemos asociar el agotamiento al ritmo trepidante de la vida moderna, con su estresante ritmo laboral y su exigente demanda familiar. “En otras épocas”, pensamos a veces, “la vida era más sencilla”. Y puede que lo fuera o puede que no, pero lo cierto es que el decaimiento y los episodios de fatiga nos han acompañado toda la historia.

Galeno e Hipócrates, los grandes médicos de la Grecia clásica, ya escribieron sobre pacientes agotados sin, a priori, mayor explicación. Ellos entendían que el bienestar era un equilibrio entre unos “humores” o líquidos que teníamos en nuestro cuerpo, y achacaban aquel decaimiento al aumento en nuestro cerebro del llamado “humor negro”, que por supuesto no existe más que como recurso para cómicos.

En la Edad Media le echaban la culpa de esta fatiga al “demonio del mediodía”, asociando un episodio de fatiga a echarse una siesta, ahí es nada. La modernidad trajo nuevas explicaciones: los aires de las fábricas, los horarios laborales, las exigencias del mercado. ¿Son estas las respuestas? Pues en parte sí… y en parte no.

El decaimiento como señal

El error es creer que el decaimiento es la dolencia que sufrimos. No lo es, como no lo es la fiebre: son signos de que algo no funciona bien. Son señales que envía nuestro cuerpo para que le prestemos atención.

Con la fiebre es posible que haya infección de algún tipo. Con el agotamiento, en cambio, las causas pueden ser muchas:

  • Puedes estar bajo una presión laboral o personal importante o prolongada en el tiempo, que te mantiene todo el día en estado de alerta y por tanto consume tus fuerzas.
  • Puedes estar llevando una vida poco saludable, con una dieta desequilibrada y falta de vitaminas y minerales, sedentarismo y poco o mal descanso.
  • Puedes tener alguna carencia concreta de algún mineral, como el magnesio, que está relacionado con la obtención de energía celular (En este artículo (link a post 6) sobre el magnesio encontrarás más detalles sobre sus funciones); o de alguna vitamina, como la tiamina o B1, que favorece el metabolismo energético adecuado. Por citar un par de ejemplos.
  • Puedes estar sufriendo un episodio de astenia relacionado con el cambio de luz solar, que desregula nuestra producción hormonal y desajusta nuestros biorritmos.

Tu tarea, entonces, es descubrir qué significa esa fatiga que sientes, a qué se debe… para a continuación ponerle remedio. ¿Cómo? Pues te dimos algunas claves en este artículo:

Dale a tu cuerpo lo que necesita, y tu cuerpo dejará de gritar pidiendo ayuda con esa sensación de decaimiento.

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